
LA HABANA – Raúl Castro confirmó que estaba entregando el liderazgo del Partido Comunista de Cuba a una generación más joven en su congreso que comenzó el viernes y puso fin a seis décadas de gobierno de él y su hermano mayor Fidel.
En un discurso de apertura del evento de cuatro días, Castro, de 89 años, manifestó que los nuevos líderes serían leales al partido con décadas de experiencia abriéndose camino en las filas y estaban «llenos de pasión y espíritu antiimperialista».
Castro había dicho en el congreso del partido anterior en 2016 que sería el último liderado por la «generación histórica» que luchó en la Sierra Maestra para derrocar a un dictador respaldado por Estados Unidos en la revolución de izquierda de 1959.

La nueva generación de líderes, que no se forjó a través de la rebelión, no tiene tarea fácil. La transición se produce cuando Cuba enfrenta la peor crisis económica desde el colapso del ex benefactor de la Unión Soviética, mientras que hay signos de creciente frustración, especialmente entre los cubanos más jóvenes.
“Creo fervientemente en la fuerza y ejemplaridad y comprensión de mis compatriotas, y mientras viva estaré listo con el pie en los estribos para defender la patria, la revolución y el socialismo”, manifestó Castro a cientos de delegados del partido reunidos en un centro de convenciones en La Habana.
El congreso, la reunión más importante del partido, que se realiza cada cinco años para revisar la política y fijar el liderazgo, es un evento a puertas cerradas, pero se están transmitiendo extractos en la televisión estatal.
El mismo Castro se convirtió en presidente interino cuando Fidel cayó enfermo en 2006 y luego en 2011 como líder del partido, lanzando una serie de reformas sociales y económicas para abrir uno de los últimos países del mundo dirigidos por comunistas que luego se estancó.
El uniforme militar verde oliva de Castro contrastaba con la actitud civilizada de su protegido, de quien se espera que lo suceda como primer secretario del partido, la posición más poderosa en el sistema de partido único de Cuba.
Los cubanos mayores dijeron que extrañarían tener a Castro al mando, aunque la mayoría reconoció que era hora de pasar el testigo.
“Es otra etapa”, aseveró María del Carmen Jiménez, enfermera jubilada de 72 años, “pero sin un doble lo extrañaremos”.
Castro denunció la renovada hostilidad de Estados Unidos bajo el expresidente Donald Trump. El presidente en funciones, Joe Biden, ha prometido revertir algunas de las sanciones de Trump, aunque la Casa Blanca afirmó el viernes que un cambio en la política hacia Cuba no estaba entre sus principales prioridades de política exterior.
Los nuevos líderes de Cuba enfrentan presiones para acelerar las reformas, particularmente el cambio económico, que es lo más importante en la mente de los ciudadanos, especialmente de los cubanos más jóvenes que solo han conocido la crisis, dicen los analistas.
Y La Habana ha dolarizado partes de la economía, dejando a quienes no reciben remesas de familiares en el exterior o no ganaron divisas fuertes del turismo luchando por sobrevivir. Eso ha corroído la igualdad, un pilar de la legitimidad del partido.
Desde la expansión del acceso a Internet en los últimos años, los cubanos están utilizando cada vez más las redes sociales como plataforma para expresar críticas, mientras que los medios no estatales en línea están desafiando el monopolio estatal de los medios de comunicación.
El estricto control de los espacios públicos por parte de las autoridades significa que las protestas aún son relativamente raras y de pequeña escala, pero están aumentando en todo el país en temas tan variados como la burocracia excesiva o las restricciones a las libertades civiles.
Castro declaró el viernes que era importante perseguir la reforma con mayor «dinamismo», denunciando -como lo ha hecho en el pasado- «la inercia, el conformismo, la falta de iniciativa» de las empresas estatales.
El gobierno ha reanudado una serie de reformas económicas que el partido acordó en su congreso de 2011 en los últimos meses, en particular la erradicación del sistema de tipos de cambio múltiple y doble moneda de Cuba en enero.
“Nuestro país necesita cambios y la nueva generación está más preparada científicamente para continuar el camino del socialismo”, agregó.
Pero críticos del gobierno como el «artivista» Luis Manuel Otero Alcántara, a quien La Habana acusa de ser parte de un intento de golpe suave respaldado por Estados Unidos, aseguró que el golpe de gracia está sonando para la revolución.