Ética, internet y periodismo

Ética, internet y periodismo

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Por German Gutiérrez Sanín

En la trilogía del título que precede a estas cortas reflexiones, encontrará Usted, querido(a) lector(a), referencia a dos elementos íntimamente ligados a la realidad del cosmopolita moderno y la mención inicial de un elemento que resulta esencial para la definición, clasificación y adecuado manejo de las actividades humanas en el contexto de los preceptos básicos de la moral.

En efecto, pretendo hablar del periodismo, entendido como cualquier actividad relacionada con la recopilación, selección, elaboración y distribución de información que se transmite a través de diferentes medios: prensa, radio, televisión, cine, libros y, más recientemente, el Internet; a la vez, quiero referirme a la Ética, esa parte de la Filosofía que nos habla de la aplicación práctica de la moral a las actuaciones de nuestro diario vivir, y su importancia en el ejercicio del periodismo [particularmente aquél que se transmite a través de Internet].

 

El correcto ejercicio de la actividad profesional del periodista se ha visto amenazado en el campo de la moral por la divulgación indiscriminada  de supuestas “noticias” a través de la red mundial de Internet. Se trata de una verdadera sobre-abundancia de contenidos de dudosa validez, apoyados en la falta de normatividad ética de la llamada “Web” y en el hecho de que cualquier inter-nauta empírico que decida auto-proclamarse periodista puede escribir sin mayor fundamento lo que le venga en gracia. Esto ha resultado en la aparición de “noticias” y  “versiones” poco fiables que en muchas ocasiones incumplen con las normas del código deontológico que los verdaderos periodistas acogen en el ejercicio de su profesión.

Desde éste punto de vista, el internet es territorio de nadie en materia legal, fiscal y ética. Es como una tierra virgen disponible para quien quiera parcelarla…como un Viejo Oeste salvaje, en el que impera la Ley del pistolero más arrojado y no necesariamente la del ciudadano más honesto, civilizado y observador de la moral y las buenas costumbres. Son varios los Jesse James, los Billy the Kid, los Dillinger, los Clyde y los Al Capone que se han adueñado de parcelas en la Red, desde las que lanzan toda suerte de ataques, calumnias, afrentas y violentas diatribas en la esperanza de establecer un nicho de mercado que les permita sobrevivir a pesar de su falta de profesionalismo, de su analfabetismo funcional y de su falta de principios.

Internet es, en otras palabras, una muy controvertible “tierra de nadie” donde la abundancia de posibilidades contrasta violentamente con la imposibilidad de impedir que cualquiera se convierta en creador de supuesta “información”.  Mientras que los verdaderos profesionales del periodismo buscan por todos los medios generar textos que observen unos mínimos estándares de pulcritud y corrección profesional, muchos internautas abusivos publican toda suerte de textos supuestamente “informativos y al servicio de la comunidad”  sin someterse a ninguna regulación. Y como en la actualidad no existe una manera verdaderamente eficaz para ordenar las publicaciones en Internet de acuerdo con su solvencia profesional y la seriedad de sus fuentes, son cientos los incautos que caen víctimas de lecturas que no respetan para nada el código deontológico del periodista profesional.

Me ha parecido oportuno, en vista de todo lo anterior, traer a la atención de mis lectores los siguientes aspectos del código de ética del verdadero periodista profesional, para que en adelante puedan determinar si lo que están leyendo es en realidad una nota periodística formal o simplemente una ráfaga de cólera, ignorancia o falta de compostura de algún impúdico “comunicador” en su esfuerzo editorial por crear un nicho de lectores en el amplio universo de la red internacional:

Tanto la libertad de expresión como el derecho de información son derechos fundamentales en  la mayoría de las naciones democráticas y prevalecerán siempre que no entren en contradicción con el respeto a la intimidad de las personas.

  1. Aunque  el derecho a la libertad de información y de expresión del periodista incluye también el derecho al comentario y a la crítica, están prohibidas las calumnias, las acusaciones, las difamaciones, las injurias y los plagios.
  2. Las publicaciones están obligadas a rectificar lo más pronto posible cualquier información errónea o inexacta, así como conceder el derecho de réplica, rectificación o respuesta a toda persona que los solicite.
  3. Los periodistas y editores defenderán el derecho natural que tiene toda persona a su intimidad y a su vida privada, personal y familiar.
  4. Se mantendrá siempre el respeto constitucional a la presunción de inocencia.
  5. Siempre que sea posible, el periodista deberá comprobar la veracidad de sus fuentes de información. Las noticias, informes y rumores sin confirmar han de presentarse claramente como tales. El periodista debe dejar clara la diferencia entre lo que es una noticia y lo que es su comentario (opinión o interpretación) para evitar confusiones.
  6. La calumnia y la injuria son incompatibles con el ejercicio de la profesión y constituyen el peor delito en el que podría incurrir el periodista.
  7. El insulto está prohibido por la ética periodística y es imprescindible el trato respetuoso a los protagonistas de la información, sin dejarse influir con opiniones personales. El periodista debe evitar todo lenguaje discriminatorio ya sea por razón de raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición y circunstancia.

Fuentes:

–          http://www.corteidh.or.cr/

–          http://www.fape.es/index.php?option=com_content&task=view&id=101&Itemid=120

–          Brajnovic, Luka (1978). Deontología periodística. EUNSA. ISBN 978-84-313-0496-6.

–          Ramos Fernández, Fernando (1998). La profesión periodística en España: estatuto jurídico y deontología profesional. Diputación Provincial de Pontevedra. Servicio de Publicaciones. ISBN 978-84-89690-17-2.

–          http://es.wikipedia.org/wiki/Deontolog%C3%ADa_profesional

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