‘El sentido de conexión con el otro se perdió’

‘El sentido de conexión con el otro se perdió’

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Veinte años después del estreno de la cinta original, así lucen los protagonistas de ‘Trainspotting’. Esta vez, Renton tendrá que responder por su traición.
Foto: Sony Pictures

El primer intento de entrevista telefónica se trunca. “Sé que es una razón por de más rara, pero tengo que llevar a mi gato al veterinario”, escribe Irvine Welsh por correo electrónico. Un día más tarde expandirá sus disculpas del otro lado de la línea: “Acá en Chicago hay muchas ratas, entonces la municipalidad las envenena. Se ve que mi gato se comió una de esas, pero ya está bien”. Casado, habitante de una de las ciudades más pulcras de EE. UU., con 58 años y oficiando de enfermero de su mascota, ¿dónde quedaron los tiempos de ‘punk’ rabioso y drogas experimentales en la vida de este escocés, autor de una de las novelas más influyentes de los 90?

 

“Antes podía hacer eso de salir hasta cualquier hora, quedar roto y, a la mañana siguiente, estar perfecto. Pero si viviera una noche así hoy, al despertarme solo querría volver a la cama y sentir lástima de mí mismo”, admite despreocupado, como si el paso del tiempo no fuera algo que lo obsesione. De hecho, nada pareciera quitarle el sueño al afable Irvine Welsh.

El fútbol y la literatura son sus pasiones. A la segunda la convirtió en profesión. Con su primer libro, ‘Trainspotting’, revolucionó las letras escocesas primero y el cine después. Allá por 1996, un joven y casi desconocido Danny Boyle eligió la novela de Welsh para llevarla a la pantalla grande, con un aún más joven Ewan McGregor en la piel de Renton, el protagonista. Se sumaron Ewen Bremner, Jonny Lee Miller y Robert Carlyle como los ya míticos Spud, Sick Boy y Begbie.

Actuaciones brillantes, diálogos crudos en acento indescifrable, fotografía y edición vertiginosas y canciones que fueron himnos de una generación dieron como resultado una película explosiva, tan fascinante como, por momentos, repulsiva. Y polémica. No faltaron quienes la acusaron de ser una apología de las drogas, un retrato de una juventud felizmente descarriada. Pero no hubo cómo pararla: con un presupuesto que apenas pasaba del millón de dólares, recaudó más de 70 millones en todo el mundo, fue nominada a todos los premios británicos (ganó varios) y, también, al Óscar por mejor guion adaptado. Hubo además una adaptación al teatro, en la cual Welsh estuvo mucho más involucrado. Para el filme dejó su obra en otras manos: las del guionista John Hodge, fiel colaborador de Boyle.

Cuesta creer que tardaran 20 años en filmar una segunda parte, pero eso nada tuvo que ver con el caudal creativo de Welsh, quien desde su debut a todo trapo publicó otras 10 novelas (entre ellas Escoria, también llevada al cine, ‘Porno’ y ‘Skagboys’, secuela y precuela de ‘Trainspotting’, respectivamente), 4 libros de cuentos cortos, 4 guiones para cine y TV, y 2 obras de teatro. No es un escritor atormentado por la fama o los fantasmas del pasado. Al contrario, se anima sin problema a volver a escribir sobre ese universo que lo catapultó a la fama, sin miedo al fracaso.

Sobre ‘T2’, la película que trae a los chicos de ‘Trainspotting’ de regreso, dice: “Danny, John, Ewan y todos los demás están en el mejor momento de su carrera y muy contentos de volver. No creo que la película sea un gran desafío, sino más bien una oportunidad. Tenemos todo para que salga bien, pero uno nunca sabe hasta que está terminada. Además, hay que ver qué pasa con el público. Las secuelas suelen ser muy malas, excepto quizás ‘El padrino’. Es muy posible que la gente piense que T2 es una basura y que haya personas que se sientan terriblemente defraudadas”.

Escribió ‘Porno’ 10 años después del estreno de ‘Trainspotting’ y le llevó otra década a Danny Boyle llevar esta secuela al cine. ¿Cómo fue el reencuentro en el set luego de tanto tiempo?

Fantástico. Trabajamos muy bien juntos. Claro que Danny, John y los actores tienen una mirada cinemática, distinta a la que corresponde a una novela. Cuando estoy con ellos es como que todos los ingredientes se fusionan y toman una velocidad y una fuerza increíbles, que mantienen la historia en marcha. En ese contexto es imposible que no me reconecte con los personajes y me pregunte cómo seguirán sus vidas.

Renton, Spud, Sick Boy y Begbie aparecen en otras novelas y cuentos cortos suyos. ¿Por qué vuelven una y otra vez?

Es curioso: para mí, ellos se han convertido en utensilios clave de mi caja de herramientas. Pero nunca sé cuándo van a aparecer. Cuando empecé ‘Porno’, no lo hice con la intención de que fuese una secuela de ‘Trainspotting’. Pero a medida que avanzaba en la historia, me fui dando cuenta de que el protagonista masculino era en realidad Sick Boy. Entonces pensé: “Bueno, voy a seguir escribiendo, y vamos a ver qué pasa con el resto de la banda”. Uno a uno, los personajes se fueron colando. Me pasó lo mismo con ‘Skag Boys’: quise escribir sobre la industrialización y se convirtió en una precuela de ‘Trainspotting’.

Así como lo describe, su proceso creativo parece ser muy orgánico.

Si vienes escribiendo por un buen tiempo, se genera un stock de personajes. Entonces, cuando se me ocurre una escena o una historia, de repente me pregunto: “¿Qué pasaría si esto le pasara a tal o a tal otro?”. Porque cada personaje puede inspirar un desarrollo de la trama diferente. Para mí, es muy positivo tenerlos ahí dando vueltas, siempre disponibles. Cuanto más escribo, más fácil se me hace seguir escribiendo, porque construí todo este universo y puedo explorar distintos aspectos y elementos de él a lo largo de los años. Pero también me pueden dar ganas de empezar de cero: siempre es divertido hacerse nuevos amigos.

¿No siente ninguna presión cuando vuelve a este universo, que fue tan exitoso en la literatura y el cine?

Es emoción, no presión. Puedo hacer un libro que sé que va a ser un éxito, pero también puedo escribir cuando sé que no va a serlo. Siempre habrá lectores entusiasmados y otros terriblemente críticos. Nada de eso importa a la hora de crear. Lo esencial es que te guste lo que haces y que diga algo de ti y del mundo en el que vives.

En todas las entrevistas sobre la nueva película, Danny Boyle y el elenco hablan de “proteger el legado de ‘Trainspotting’ ”. ¿Cuál cree que es ese legado?

‘Trainspotting’ es una historia sobre la transición de la sociedad hacia un mundo posindustrial, donde el hombre es prescindible. La clase trabajadora industrial fue la primera víctima, pero ahora ves a todas las profesiones afectadas: la gente ya no cree en la farsa de la educación universitaria, porque se da cuenta de que es una estafa que sólo nos endeuda. Es una mierda, claro. ‘Trainspotting’ trata sobre eso. Lo que queremos hacer ahora es proteger esa resonancia, y la forma de hacerlo es continuar hablando sobre los cambios en la sociedad y qué hacen las personas para sobrevivir. Por supuesto, también queremos ser fieles a los personajes y lograr una película contemporánea.

¿Por qué creyó que valía la pena explorar la pornografía?

Para mí fue muy loco lo que logró la tecnología en cuanto a nuestro comportamiento sexual. Que cualquiera pudiera grabar una película sexual casera transformó las relaciones. Los chicos se anotaron en el gimnasio para perder la ‘pancita cervecera’ y las chicas se fueron a la cama solar, empezaron la dieta y se tiñeron el pelo. Todos se pusieron pretenciosos acerca del ángulo de la cámara. Después vino internet y las mujeres comenzaron a consumir mucha más pornografía: al principio, eran el 2 por ciento del total de consumidores; cinco años después, llegaron al 50. Creo que eso lo cambió todo. Una muestra de eso fue el fenómeno ‘Cincuenta sombras de Grey’, que es un libro malísimo, con una película que es una absoluta basura. Pero no puedo negar que, como movimiento femenino, fue una gran revolución.

En ‘Porno’ también quiso mostrar la sociedad ‘Schadenfreude’ (palabra del alemán que designa el sentimiento de alegría creado por el sufrimiento del otro). Diez años después, ¿siente que es peor?

Mucho peor. Lo ves en cualquier aspecto de la sociedad: en una forma de crueldad muy fuerte, relacionada con el hiperindividualismo y el neoliberalismo de los últimos 30 años, que eliminó el sentido de conexión con el otro. Por ejemplo, mira lo que pasó con el ‘brexit’: hubo gente que condenaba el resultado y acusaba a la clase trabajadora. Pero nadie se puso a pensar por qué a la clase trabajadora tendría que importarle el ‘brexit’ si, durante décadas, nadie se interesó por ellos.

Hace casi un año, Welsh publicó la novela ‘The Blade Artist’, que, una vez más, rescata parte del universo de ‘Trainspotting’: el protagonista es un Begbie supuestamente redimido que vive con su familia en California. “Juro que fue un accidente meterlo ahí –dice el escritor en medio de risas–. Mi intención era plantear si una persona con una vida llena de crímenes y violencia se puede reformar, y de repente me encontré pensando qué pasaría si en realidad Begbie fuera el chico más bueno de todos”.

Pero, al final, no lo es…

Primero me enganché imaginando qué quizás se enamoraba o salía de prisión con una nueva resolución de vida. Ese fue el disparador de la novela. Hasta que me cuestioné: ¿y qué si no se reformó, qué tal si sigue siendo un sociópata frío, analítico y despiadado? ¿No sería más interesante eso? Decidí ir por ese lado, con un personaje mucho más peligroso, salvaje, completamente manejado por la ira.

¿Nunca va a caer en la tentación de redimir a sus personajes?

No creo que se pueda hablar de redención en la vida. Mis personajes siempre están en algún lado de la oscuridad, buscando la luz. No importa qué tan hundidos en la mierda estén, en el fondo de su corazón tienen esperanza y están tratando de hacer lo mejor que pueden. Para mí, la redención es eso: vivir la mejor vida que podamos.

Con el estreno de ‘T2’, ¿siente que se viene el fin de un ciclo?

¡No, para nada! Cuando creas un mundo, es tuyo para siempre. Una película no cambia eso.

DELFINA KRÜSEMANN
La Nación (Argentina) – GDA
http://www.eltiempo.com/

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