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El poder de Joachim Löw: Alemania nunca falla a su cita con las semifinales

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Los jugadores de la selección alemana celebran su victoria 6-5 en los penaltis frente a Italia en los cuartos de final de la Eurocopa. EFE
Los jugadores de la selección alemana celebran su victoria 6-5 en los penaltis frente a Italia en los cuartos de final de la Eurocopa. EFE

París, 3 jul (EFE).- Desde que Joachim Löw tiene relación con la selección alemana, siempre, desde el Mundial de su país en 2006, el combinado germano ha estado presente, como mínimo, en todas las semifinales de las grandes competiciones internacionales.

Löw accedió al cargo un 12 de julio de 2006, después de que Jurgen Klinsmann renunciara al banquillo tras el Mundial. En aquel torneo, Alemania llegó hasta la penúltima ronda y fue derrotada por Italia.
Y aunque Löw todavía no era el primer técnico, sí ejerció de segundo en aquella etapa en la que, junto a Klinsmann, crearon las bases de un equipo que siempre cumple. Es eficiente hasta el máximo y sólo la aparición de la mejor selección española de la historia y de la siempre incómoda Italia, privó a Alemania de obtener más trofeos.
Los datos con Joachim Löw en el banquillo son estratosféricos. Alcanzó la final en la Eurocopa de Austria y Suiza 2008, las semifinales del Mundial 2010 de Sudáfrica y las de la Eurocopa de Polonia y Ucrania 2012. Y, además, se proclamó campeón del Mundial de Brasil 2014.
Su victoria este sábado frente a Italia en una agónica tanda de penaltis volvió a encumbrar a Löw, que de nuevo, por sexta vez consecutiva, accede a la penúltima ronda de una competición. Su secreto es simple: siempre mira de reojo a los jóvenes cachorros alemanes y no duda en darles juego combinándolos con los veteranos que, cuando abandonan el equipo, siempre tienen sustitutos de primera línea.
Con él al frente de Alemania han emergido varias generaciones de futbolistas. La de Özil, Khedira, Kroos, Höwedes, Boateng, Hummels y Müller se encuentra en su mejor momento, entre los 26 y los 29 años. Comparten vestuario con otra que se apaga pero que ha tenido mucho fuelle, la de Schweinsteiger, Podolski o Mario Gómez, y con la que viene pegando fuerte con Draxler, Götze y Kimmich a la cabeza.
Atrás quedaron nombres como Lahn, Mertesacker, Klose, Lehman, Neuville o Metzelder. La salida de todos, no ha sido un trauma. La renovación ha sido constante y buena. Y, además, practicando un fútbol vistoso, eléctrico y digno de los mejores días del fútbol alemán.
En la etapa de Löw, solo algunos pudieron hacerle frente. Su primera decepción, con Klinsmann al cargo, se la dio Italia, en las semifinales del Mundial de Alemania. Desde el puesto de segundo entrenador, vio como el conjunto «azzurro» ganó 0-2 con aquellos goles en los últimos instantes de la prórroga de Grosso y Del Piero.
Después, llegó el ciclón español y Alemania se quedó con la miel en los labios. En la final de la Eurocopa de 2008, el equipo de Luis Aragonés dio un repaso en la final al cuadro germano y ganó 1-0 con un gol de Fernando Torres que cerró el camino hacia el primer título de Löw al frente de su selección.
En Sudáfrica 2010, los años dorados de España volvieron a acabar con Alemania, esta vez en semifinales con aquel cabezazo de Puyol que dejó en la cuneta de nuevo al equipo de Löw, que aún tendría que vivir otra decepción dos años después a manos de Italia en las semifinales de Polonia y Ucrania.
Por fin, en el Mundial de Brasil, el fútbol recompensó el trabajo de Löw y uno de sus cachorros, Mario Götze, dio la Copa del Mundo al talentosos entrenador germano. Su gol a Argentina en la prórroga de la final premió a un hombre que merecía un título por un trabajo que dura ya una década. Su segundo trofeo, si sigue así, podría llegar dentro de una semana en la Eurocopa de Francia.

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